   Oh, Redentor Divino, que fulguras
en la noche final del paganismo.
Sol fue tu resplandor sobre el abismo
donde el Olimpo, en nubes, quedó a oscuras.

   Viniste a redimir las criaturas
de la estirpe de Adán, con el bautismo
del agua del Jordán, y el Cristianismo
surgió triunfante de las aguas puras.

   Cuando del mago Oriente, los tres Reyes
ofrendáronte incienso, mirra y oro,
recibiendo de Ti mayor tesoro,

   en luz a su conciencia, por Tus Leyes,
¡plañidos del abismo se elevaron,
que cánticos angélicos ahogaron!