   Cuando a las olas de tu vasto puerto
llegaba en el vapor, que su carrera
asemejarse al ave bien pudiera
cruzando de los aires el desierto.

   No vi a la entrada en funeral concierto
negros torreones la feraz ribera
amenazando, cual dormida fiera,
pronta a dar de su rabia anuncio cierto.

   Mas en cambio avisté verdes llanuras,
señoreadas de un cielo de alegría
a los rayos del sol del mediodía.

   Recordé del trabajo las dulzuras;
y en vez de signos de valor y guerra,
muestras me dio de humanidad la tierra.