Con el primer aliento de la aurora,
abre la nube su cendal de nieve,
las frescas agua de los mares bebe
y de rosado tinte se colora.

   Ora impelida por los vientos, ora
acariciada por el aura leve,
con serpentina ondulación se mueve
y la serena inmensidad devora.

   Al divisar en bonancible suelo
olas de mieses y tapiz de flores,
sonríe, goza y encadena el vuelo;

   mas, al mirar asolación y espanto,
odios y guerras, muertes y dolores,
lanza un gemido y se deshace en llanto.