   Reina del campo, soberana diosa,
con cuanta majestad alzas la frente,
envidia dando a la plateada fuente,
al bosque, al llano y la pradera hermosa;

   sobre tus pencas juegas deleitosa
el aura pura matinal, sonriente,
y la pristina luz del claro oriente,
derrámase en tu copa esplendorosa.

   ¡Bella y sublime creación del cielo,
que ostenta tu poder y lozanía
en los pensiles del cubano suelo!

   Escucha grata de la lira mía
el débil canto que en mi ardiente anhelo
tributo a tu beldad y bizarría.