   No de rizosas plumas el mullido
cómodo lecho mi pereza ansía,
sino de blando césped en la umbría
fresca arboleda solitario nido;

   un cielo azul; el lento y sostenido
gotear de la fuente en la vacía
sonante roca, y el olor que envía
el pino por las auras removido.

   Broten luego al caer el sol poniente,
creciendo con la sombras el reposo,
del ruiseñor las trémulas escalas,

   y entornará mis ojos dulcemente
ese sueño tranquilo y misterioso
en que a la mariposa nacen alas.