   Yo no lo sé. Me han dicho que te mueres
enferma de un dolor desconocido;
y que a la Ciencia un imposible res,
que no halla en tu dolor nada aprendido.

   Que de todo te aburres al momento.
Y que el piano te hastía; y te sofoca
la lectura y el canto, que el contento
jamás lleva sonrisas a tu boca.

   Que no puedes vivir. Constantemente
recorres las estancias, indolente,
como buscando en el andar consuelo.

   Y que después, cansada y abatida,
cual queriendo pasar, a la otra vida,
dices mi nombre, suspirando, al cielo.