   Como envuelve la clara luz del día
y el vespertino diáfano paisaje
entre su denso y lúgubre ropaje
la noche melancólica y sombría;

   así envuelve mi cándida alegría,
a mi valor moral haciendo ultraje,
en los luctuosos pliegues de su traje
la fatídica y cruel melancolía.

   Mas, si la sombra de la duda cruenta
nublar la fe del corazón intenta,
pasará por su radio terso y puro

   fugace como pasa fugazmente
por el disco del sol resplandeciente,
la mancha negra del eclipse oscuro.