   Del perfumado edén do florecieron
heterogéneas plantas primorosas,
osé arrancar unas gallardas rosas
cuyas espinas, pérfidas, me hirieron.

   Mártires de mis ansias también fueron
los lirios de hojas tersas y sedosas,
y al troncharlos fragancias olorosas
derramando su savia me ofrecieron.

   Almas hay, que vulgares y mezquinas
hieren, como las rosas con espinas,
al que inconscientemente los agravia;

   almas hay, superiores, que prefieren
cual los sensibles lirios, si les hieren
sufrir la herida y derramar la savia.