   Como el suave rumor de las cascadas
cuyo raudal fecundo y cristalino
desciende en agitado torbellino
de las fértiles cimas encumbradas,

   regando las llanuras asoladas,
para que con su germen argentino
reverdezca el arbusto mortecino
y renazcan las flores agostadas;

   así llegan a mí las rumorosas
cadencias de las frases generosas
vertidas en obsequio de mi númen;

   nutriendo mi abatida fortaleza
para resucitar de la tristeza
el desmayo mortal que me consumen.