Siempre afectando místico lenguaje,
es prevaricador impertinente.
Cándido amor a la pobreza miente,
y al oro, que es su dios, rinde homenaje.

   Modestia finge con sencillo traje,
como al lirio odorífico y riente
intenta remedar la pestilente
corola azul del fraude más salvaje.

   Sus ojos, en que brilla la impaciencia,
buscan la tierra y con mentido celo
se condena a incesante reverencia,

   mas no por humildad se inclina al suelo:
es que le abruma tanto la conciencia,
que ya no puede ni aun mirar al cielo.