   Tengo aprensiones yo como cualquiera,
y tocante a caprichos ¡no se diga!
El campo siempre verde me fatiga,
el cielo siempre azul me sospecha.

   Triste la luz del sol me pareciera
sin esa noche del dolor amiga,
y sin la pena que el placer mitiga,
hasta la vida misma aborreciera.

   Pues esos ojos tuyos, dueño mío,
que pueden afrentar a uno y mil cielos,
causaron mi amoroso desvarío.

   No hallé sombra en su luz, no hallé desvelos,
y mi ardiente pasión murió de frío;
que así muere el amor cuando no hay celos.