   Amainan los rigores; renace en el ambiente
la plácida excelencia de la envidiable paz,
y hay un renacimiento de fe, que dulcemente
de la campiña envuelve la promisión feraz.

   Repica en el espacio celeste epifanía;
angelicales pífanos tocan a redención
y hay un deslumbramiento de luz y de alegría,
magnánima apoteosis de remuneración.

   Es hora en que las locas campanas del contento
derraman por el éter la gloria del violento
repique de sus áureos Badajoz de efusión.

   Y en un florecimiento de dicha transitoria
se vierten en el templo los cánticos de gloria
por la divina gracia de la compensación.