   ¿Para qué hacer, Adolfo, estudio serio
de natura, sus obras y excelencia,
si todo es un arcano y un misterio
que supera a la humana inteligencia?

   ¿Para qué sujetar a nuestro imperio
los principios abstractos de la ciencia
para sólo sacar, con magisterio,
una oscura o errada consecuencia?

   ¿Para dar solución a los engaños
de una inútil sofistica disputa
con tono seco, retumbante y grave?

   Yo veo, Adolfo, que el mortal sus años
a Minerva por más que los tributa,
sólo llega a saber que sabe nada.