   ¿No te ha buscado, Filis, un mancebo
de gallarda presencia, rostro hermoso,
halagüeño mirar, lindo y gracioso,
cual aparece por oriente Febo?

   Si a buscar tu beldad fuese de nuevo,
recíbele de un modo cariñoso,
pues, aunque niño tierno y amoroso,
es el terrible amor, decirte debo.

   Mi corazón te mando, entre tus manos,
cual una pira ardiendo en la cruel llama
que prendieron tus ojos soberanos,

   que su quietud perdida te reclama;
o que dejando los temores vanos
le ames en recompensa cuanto te ama.