   Llueve sobre los árboles del huerto,
donde parece que la noche llora
y en donde en cada flor duerme la aurora,
mientras mi corazón sigue despierto.

   Llueve sobre el poblado y el desierto,
y al rumor de la lluvia se incorpora,
cual una multitud que al cielo implora,
de los batracios el rural concierto.

   Llueve sobre las lámparas del puerto,
y en cada lámpara hay un ser que añora
a otro ser que atraviesa el mar abierto.

   Llueve sobre el andén, a esta hora,
cuando en más de un portal, al descubierto,
vela un niño sin pan... y el pan lo ignora.