   Cuando rota en pedazos se mostraba
la unidad de la hispana monarquía,
y rota entre sus redes la armonía
Segundo Guadalete amenazaba,

   de Alcántara, Santiago y Calatrava,
y de Montesa, luego, a luz nacía
la sagrada, marcial caballería,
y de nuevo la patria se salvaba.

   Cuatro siglos sus lides contemplaron;
de Lasso, Calderón, Quevedo, Ercilla,
sus insignias después el pecho ornaron.

   Si en armas como en letras maravilla
su historia, y nuestros tiempos alcanzaron,
¿Quién extinguirlas osará en Castilla?