   ¡Gloria a ti, Señor Dios! En las alturas
himnos el ángel de alabanza entone,
y tu ternura ensalce y la pregone
la voz de las humanas criaturas.

   Hoy, presagiando célicas venturas,
darse al hombre en manjar tu amor dispone,
y por que más su dicha se corone
bienes sin fin y gracias le aseguras.

   ¡Oh inefable misterio! Jamás pudo
tal maravilla imaginar siquiera
el misterio mortal. ¡Solo el potente,

   que, de sacra piedad nunca desnudo,
por dar la vida a quien en él espera
es de clemencia portentosa fuente!