   En llanto amargo América gemía
bajo opresores grillos agobiada
sujeta ¡oh, Dios! a venerar postrada
los tiránicos golpes que sufría.

   Su dolor al Olimpo enternecía,
mas el ibero con injusta espada
la libertad le niega suspirada
por sostener su orgullo y tiranía.

   ¡Oh, duro estado! Mas llegó el momento
y día y veinte y cinco reservado,
en que cayó de un golpe aquel cimiento

   que al despotismo tuvo entronizado,
y en que la libertad subió a su asiento,
y a un trono por tres siglos usurpado.