   Veinte y cinco, feliz hoy tu victoria
derrocó al soberbia de un tirano,
y levantó con triunfo soberano
a nuestra patria al colmo de su gloria.

   La época empezaste de una historia,
en que pudo el humilde americano
desatar la cadena de su mano,
llenando de grandeza su memoria.

   ¡Oh, día grande, heroico, y memorable!
¡Oh, día de virtud! ¡Qué regocijo
al oír tan sólo tu renombre amable

   de la América siente el ínclito hijo!
Tú mereces loores, cuanto es dable,
pues que el dios de la patria te bendijo.