   Los pretéritos días que nunca conocimos,
los pálidos semblantes, y los tocados viejos,
son como esas mujeres cuyo retrato vimos
y a las que amamos sólo porque estaban muy lejos.

   ¡Oh las damas románticas cuyos días pasaron,
y, con ellas, sus dioses: Rossini y Lamartine!
Tal vez dos iniciales confundidas grabaron
una noche de luna en un viejo jardín.

   Vosotras perfumasteis el siglo diez y nueve
con las almas de fuego en un cuerpo de nieve,
de la reina Cristina a Eugenia de Montijo...

   Por vosotras, románticas, aún mi corazón arde;
a este mundo tan viejo, he venido muy tarde;
debí ser vuestro amante y he sido vuestro hijo.