   Envuelta en alba túnica la veo
radiante de esplendor, alta la frente,
canta, y despierta con su voz ardiente
de ignota dicha el íntimo deseo.

   Calla, y la sigo en grato devaneo
por un mundo de luz, y dulcemente
me parece que escucho en el ambiente
resonar el tiernísimo gorjeó.

   Se aleja, y oigo el eco que distante
cual himno triste de perdida gloria
suspira lleno de pasión y llanto:

   Sueño, y la miro hermosa y palpitante,
y con su imagen fija en la memoria
torno a escuchar su delicioso canto.