   Celebre Horacio al árbitro de Italia,
al que llevó con ánimo arrogante
en doble pica el águila triunfante
por los famosos campos de la Galia;

   al que a Pompeyo derrotó en Farsalia,
al que reinó fortísimo y pujante,
desde los senos de la mar Atlante
a las selvas remotas de Tesalia.

   No envidio, no, la lira que en el Tibre
ensalzaba de César la fortuna,
y del noble romano el poderío;

   yo prefiero cantar con alma libre
la luz del cielo que alumbró mi cuna
y el blando son d mi paterno río.