   Los cascos de escarlata rutilantes,
canelo el uno, el otro matizado,
el espolón durísimo afilado
a la lucha se arrojan anhelantes.

   Se atacan con tal furia, tan pujantes
que cada cual vacila acribillado;
mas con igual fervor y pico airado
el triunfo se disputan arrogantes.

   Herido en el costado, moribundo,
rota el ala derecha, el lomo abierto,
ya el canelo ni lucha ni amenaza;

   mas su rival lo ataca furibundo
de un puntazo feroz lo deja muerto,
y el sangriento cadáver despedaza.