   Del ancho Cauto en la riscosa orilla
sentado lloro mi perdida gloria;
sobre sus aguas se desliza y brilla
una lágrima fiel de mi memoria.

   Del Bayamo entre mirto y maravilla,
lloran también mi deplorable historia
y bañan una cándida mejilla,
lágrimas tristes, del amor victoria.

   Cuando confundan su corriente pura
y mezclen ambas lágrimas los ríos,
correrán a una misma sepultura;

   así, ojalá que los despojos míos,
se mezclen en la tumba silenciosa,
con los despojos de mi dulce esposa.