   Si con arpa dulcísima y quejosa
de un éxtasis de amor al tierno halago
canto a la margen del dormido lago,
la blanca espuma y la corriente undosa;

   si de infelice virgen pudorosa
lloró la angustia y el destino aciago,
si el mal acerbo y horroroso estrago
lamentó de la patria dolorosa;

   si enalteció con númen sin mancilla
y firme corazón y aliento libre,
cuanto al mundo sublima y hermosea,

   y en las almas sencillas late y brilla;
su voz bajo este cielo siempre vibre,
y eterno de su musa el canto sea.