   Aquí fue... ¡Bien me acuerdo! Este granado
en flor sobre su frente se mecía,
este huerto a mis plantas se extendía
de flores y de ramas coronado.

   ¡Oigo su voz!... Cual himno enamorado
el «yo te adoro» suena todavía,
y aspiro palpitante la ambrosía
de su labio oloroso y encarnado.

   Aún vierte aquí su lánguido suspiro,
y contemplo su gracia y su hermosura;
aún alegre resuena su voz pura,

   y su semblante enajenado miro;
aquí el granado está, y aquí está el huerto,
y ella también... ¡pero el amor ha muerto!