   Amad la muerte, amadla... Ella procura
el supremo descanso, ella nos guía
en el camino del silencio, es fría
pero buena; ...ella mata la amargura.

   Ella es la maga de la sombra... es pura
y eterna... y todos la llamáis impía.
¿Por qué? ¿Porque nos besa en la agonía,
y un tálamo nos da en la sepultura?

   La Muerte es la ceniza de la llama;
es el «no ser» de lo que vibra; muda
ante el placer o el infortunio, ama.

   El sueño, matador de los dolores;
la calma, que del daño nos escuda,
y la tierra que es madre de las flores.