   El gran león azul, de alba melena,
no ruge ya... parece que dormita
debajo de la bóveda infinita,
en su cubil de rocas y de arena.

   Huye la tarde; prodigiosa escena:
¡ensangrentado el sol se precipita
en su tumba de oro, y la marchita
frente le anubla un hálito de pena!

   El toque de oración resuena
en la ciudad distante que se agita
con el vago rumor de una colmena.

   Mientras la luna -blanca margarita-
ante el sol -rojo lirio- asoma llena.
Mirad: ¡Él muere y ella resucita!