   En medio de los árboles mi casa,
bajo el denso ramaje florecido,
aparece a los ojos del que pasa
como un fragante y delicioso nido.

   Y hay razón: el amigo o el curioso
que a visitarme van de cuando en cuando
hallan de mi mansión en el reposo
fresco pan, agua pura y lecho blando.

   Cinco avecillas plena la garganta
de las más inefables melodías,
allí reposan bajo el ala santa.

   Mientras para acrecer sus alegrías,
el padre -un viejo ruiseñor- les canta
una canción de amor todos los días