   -Tus manos son dos lirios -le decía
cuando endulzar queriendo su amargura
de víctima incurable, le oprimía
sus luengas manos de marmórea albura.

   -Tus ojos son violetas -le decía
cuando extinguir queriendo sus enojos
de niña enferma, en el azul del día
de sus ojos bañándose mis ojos.

   -Es un clavel tu boca -le decía
cuando al verla tan triste, me bebía
de sus labios de púrpura la miel.

   Una mañana la llevé a la fosa...
Y han nacido en la tierra que reposa
dos lirios, dos violetas y un clavel.