   ¡Salta el rayo en la nube! Alfanje de oro
raja el ámbito negro y atraviesa
el abismo; desciende hasta la dehesa
y húndese en le testuz del viejo toro.

   Tras un brusco esplendor del meteoro,
del verde llano a la montaña espesa
el trueno pasa retumbando... Y cesa
de la borrasca el fecundante lloro.

   El huracán, terrible y altanero,
cierra sus fauces lúgubres; ya nada
se mueve... En el cenit brilla un lucero.

   Y desde la llanura dilatada
sube, como un reproche lastimero,
¡la gran lamentación de la vacada!