   ¡Lástima que en verdad no sea de Lola
la cara angelical que lleva puesta!
Pro es suya, no más porque le cuesta,
como dice el soneto de Argensola.

   Agréguese a esto la tremenda cola,
el alto puff, la enmarañada cresta,
y dígame cualquiera si no es ésta
una muchacha que se pinta sola.

   Mancha ninguna su beldad empaña;
mas yo, aunque dicen que por ella muero,
no la quisiera ver cuando se baña;

   y sólo pido a Dios mi amor sincero
que el viento no se lleve su castaña,
ni le caiga en el rostro un aguacero.