   Mirad a Juana; su cintura es leve,
blanquísima su frente sin mancilla,
y envidiará el carmín de su mejilla
la fresca rosa que el favonio mueve.

   ¿Quién temerario a resistir se atreve
el dulce fuego que en sus ojos brilla?
¿Quién temblando de amor no se arrodilla
y besa el polvo de su planta breve?

   Todo cuanto Natura en esta tierra
ha prodigado a la belleza humana,
en Juanita no hay duda que se encierra;

   mas ¡ay! que esa beldad tan soberana,
queriendo escribir guerra pone gerra
y firma al pie de sus escritos: Guana.