   ¿La amaste? Pues olvídala. Esta vida
de bienes duraderos tan escasa;
amando y olvidando se nos pasa
y cuanto más se vive más se olvida.

   Una pasión es fiebre que, homicida,
se nos mete cual Pedro por su casa
dentro del corazón, y nos le abrasa...
No hay, pues, que dar a la pasión cabida.

   La mujer es un ángel, no lo niego;
pero, Pepe, la Biblia es testimonio
de que la echaron del Paraíso luego:

   estaba en relación con el Demonio,
y, como no ha quebrado, a pensar llego
que ya hasta contrajeron matrimonio.