   ¡Vana es la gloria que sin tregua imploras!
de aquesta lucha en el abierto estuario
debe haber un vencido necesario
y tú lo fuiste corazón que lloras.

   largas tardes sin luz, lentas auroras
te vieron aterido y solitario
camino de tu áspero calvario
coronado de espinas punzadoras.

   Fue un reguero de sangre tu existencia,
y ya enfermo, cansado y malherido,
despertaste por fin de la pendencia;

   y aun así ¡desgraciado! le han caído
al ataúd que te formó la ausencia
paletadas de tierra del olvido.