   Cesó la lluvia torrencial: la tierra
a la vida despierta sonriente,
besa el sol, al perderse en Occidente,
la cresta azul de la erizada sierra.

   Por las fragosas soledades yerra
atronador y rápido el torrente,
y se derrama por el fresco ambiente
cuanto perfume la corola encierra.

   El cenzontle celebra en la espesura
la vespertina fiesta que hasta el nido
llevó el canto más dulce de ternura;

   llora el bosque, empeñado y aterido,
y la húmeda extensión de la llanura
la puebla el toro con triunfal bramido.