   Bulliciosas cruzaron las murallas
de la sierra, el desierto y el bohío,
y las dos van buscando a su albedrío
de hermosos climas las remotas playas.

   Los chicuelos que sirven de atalayas
gritan ¡adiós! con fuerte vocerío,
y al trasponer el rojo caserío
les responden ¡adiós! las guacamayas.

   ¡Adiós! y hieren con el ala abierta
la despejada atmósfera tranquila
de la anchurosa inmensidad desierta;

   fatigada las sigue la pupila
y desaparecen en la línea incierta
que la montaña en el azul perfila.