   Por fin, dándole forma a la esperanza
de que termina la moral reyerta,
bordando airosa la extensión incierta
se divisa una nube en lontananza.

   El potro al viento su relincho lanza
como un clarín que se mantiene alerta,
y mientras todo en torno se despierta
la nube negra y majestuosa avanza.

   De pronto surge del oscuro seno
lívida cinta de bruñida plata
desaparece entre el fragor del trueno,

   y entre tanto que el eco se dilata,
de la excelsa región manda el Dios bueno
brilladora y sonante catarata.