   Padre del hombre, que en el Cielo estás,
venga el tu Reino, con tu gracia a nos.
No desoigan tus órdenes, jamás,
tu Tierra, Padre, ni tu Cielo, Dios.

   Danos el nuestro pan, de vez en vez,
cada día, calmando su inquietud;
tu pan, para los cuerpos robustez;
tu pan, para el espíritu salud.

   Perdona nuestras deudas, y a la par
hallen nuestros deudores su perdón,
por virtud de tu ejemplo singular.

   Gocen las almas, en tu amor, del Bien.
Líbranos de la torpe tentación.
Líbranos siempre del pecado. Amén.