   Curtido por la pólvora que humea,
noble con el amigo y el contrario,
audaz hasta emprender lo temerario,
y más valiente cuanto más pelea.

   En rústica mochila que blanquea
lleva su pan, su equipo y su salario,
y al cuello, en el bendito escapulario,
el culto de la Virgen de su aldea.

   Semejante al pedazo de metralla
que el cañón a los aires abandona,
sucumbirá ignorando en la batalla;

   pero si el triunfo su valor pregona,
para el que lucha, y sufre, y vence y calla...
¿No ha de tener la patria una corona?