   La raza de Saturno, derribada
por el ligero soplo de una idea,
baja a morar sobre la triste Gea,
en una lamentable desbandada.

   Con su atributo y distintivo, cada
dios osa abrir nueva pelea;
y mueve la dolosa contra idea,
penetrante y sutil como una espada.

   A devolver sonrojo por sonrojo
al nuevo cielo, voluntad y brío
previene airado su rencor tremendo;

   y se apresta a la acción; pero creyendo
que el Olimpo a la postre es un enojo,
y al inmortalidad, un grave hastío.