   Era mi padre como el pan de bueno,
y por el pan luchó con valentía;
que era vasco francés, bien lo decía
su frente altiva y su mirara sereno.

   Desde niño, encontré en su amante seno
más calor que en la luz del mediodía;
en sus consejos, infalible guía;
y en su saber, a mi ignorancia un freno.

   Fue su morir cual su vivir austero,
pues besando a sus hijos y a su esposa,
cerró los ojos sin decir: ¡me muero!

   Descansa en paz en tu modesta fosa
que si en el mundo hay algo verdadero,
es tu memoria cual ninguna honrosa!