   Cantor de la belleza y la justicia
en una edad prosaica y sin sentido,
adorador eterno de Cupido
cuando culto se rinde a la avaricia.

   Tu musa es para el vulgo una estulticia,
porque eunuco jamás ha comprendido
el parto de la idea dolorido
ni de la Gloria la inmortal caricia.

   Fuiste en Grecia y en Roma omnipotente,
trovador en el claro Mediodía;
del siglo diez y ocho, verbo ardiente.

   Hogaño que está el mundo en agonía,
pulsa tu lira y con cantar vidente
señala al hombre su extraviada vía.