   Sobre la inmensa soledad dormida,
salvando el mar ondeante de verdura
va el centauro pastor de la llanura
como flecha de un arco desprendida.

   Da a la tarde postrera despedida:
parece la delicia y la amargura
de salvaje existencia de aventura
arrebatar en su violenta huida.

   Y cuando el sol el horizonte encierra,
tras el linde lejano de la tierra
en él, vertiginoso, es una sombra

   rauda volando cual visión de un mito
que trascendiendo de la herbosa alfombra,
fuese a seguir al astro en lo infinito.