   La estatua inmóvil al silencio inspira
y en torno vierte su fulgor de diosa,
tan muda como el agua misteriosa
de la profunda fuente en que se mira.

   Luchando el alma, en su dolor aspira
a esos silencios para ser dichosa,
y augustamente entre los dos reposa
con noble gesto de callada lira.

   Nívea nube en la fuente se refleja
y más inmóvil a la linfa deja
al cruzar por el diáfano paisaje

   de alma, fuente y estatua, con anhelo
de darle a aquel espejo su mensaje
de la feliz serenidad del cielo.