   Llora, llora, infeliz: tu amargo duelo
sempiterno será cual tu castigo,
y tu linaje mísero contigo
llore también sin esperar consuelo.

   Infanda prole en inmortal desvelo
criarás en tu dolor, y tu enemigo
se placerá, de tu pesar testigo,
cuando tu propia sangre inunde el suelo.

   ¡Triste! perdón demandarás en vano;
que contra ti de cólera encendido
lanzó su maldición Dios soberano.

   Tronó el cielo y horrísono alarido
retumbó el hondo Caos, contra el humano
¡ay! maldición sonando pavorido.