   Escojo una pasión, tomo una idea,
un problema, un carácter... y lo infundo
cual densa dinamita en lo profundo
de un personaje que mi mente crea.

   La trama al personaje le rodea
de unos cuantos muñecos, que en el mundo,
o se revuelcan en el cieno inmundo
o se calientan en la luz febea.

   La mecha enciendo, el fuego se propaga,
el cartucho revienta sin remedio,
y el actor principal es quien lo paga.

   Aunque a veces también en este asedio
que al arte pongo y que al instinto halaga
me coge la explosión de medio a medio.