   Moría de dolor tras de la reja
del hospital, desmesurado y triste,
cuando mágicamente apareciste
sofocando al nacer mi última queja.

   Fue tu visión como una luz que deja
a quien la ve, suspenso. Dirigiste
luego hacia mí tus pasos, mas quisiste
ocultarte al llegar bajo la vieja

   encina en que mis sueños se albergaron.
Mis ojos en la encina se clavaron
adivinando casi el movimiento

   de tu imagen esbelta y vencedora.
¿Partiste? No lo sé, mas si aliento
me halló en la reja, pálido, la aurora.