   ¿Por quién, oh virgen, del cubano suelo,
la corona de flores desparcida,
y en profundos pesares sumergida,
la frente cubre funerario velo?

   La mansión de la paz y del consuelo,
tierra de bendición, isla querida,
por el monstruo del Ganges homicida
sumisa yace en lágrimas y duelo.

   Al pastor venerable, al inocente
infame oprime con su garra fiera;
al siervo y al señor hiere igualmente.

   Ni de Luisa el candor ni la severa
virtud, ni el lloro de piedad ardiente
su sed de muerte y destrucción modera.