   ¿Huyes? ¿qué huyes?... ¿De una hircana fiera
en la sombrosa selva acometida,
verte en sus garras temes oprimida?
¿quién al rendido de ese modo huyera?

   ¿o más bárbara tú, y más severa,
que feroz parto, hieres en la huida,
y acabarme imaginas homicida
lanzando el dardo en la veloz carrera?

   Vuelve, y si quieres en tu saña herirme,
vibra los dardos de tus bellos ojos,
o el ceño muestra de la altiva frente:

   Si bastan tales armas a rendirme
¿a qué fin emplear fieros enojos?
¿qué venganza merece un inocente?